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Estas editoriales intentan constituirse en una guía para acción indigenista. En ella se expusieron criterios de trabajo, se reclamaron la eliminación de abusos y la discriminación, y se plantearon problemas de fondo. La editorial más importante, en nuestra opinión, es "La política de una institución no política" (A.I.IV-3, pp. 179-182), donde el Dr. Gamio fija claramente la posición del Instituto:
En otras palabras, [el Instituto] aspira en esencia a que se normalice el deficiente desarrollo biológico del indígena, mejoren efectivamente las inferiores condiciones económico-culturales en que desde hace tanto tiempo vegeta, se respete su personalidad y tradición y sean abolidos los abusos de quienes a espaldas de la Ley o escudándose en ella cuando es inadecuada, lo maltratan, explotan y esclavizan.
Durante la gestión del Dr. Gamio la revista publicó artículos científicos, políticos y gran cantidad de reseñas bibliográficas. Se orientó a crear un movimiento indigenista Continental permanentemente renovado y cuyas acciones tengan base académica y científica. Además de forjar un movimiento de opinión la tarea del Instituto se centró en el rescate del patrimonio cultural de los indígenas, el mejoramiento de sus condiciones nutricionales, salud educativas y trabajo, la lucha contra la discriminación racial, la defensa de la propiedad de la tierra y el reparto agrario. La defensa del patrimonio cultural estuvo dirigida a preservar la memoria histórica de los pueblos indígenas y se expresó en la publicación por el Instituto, de documentos como el Códice Osuna, los trabajos sobre gobierno indígena de Chávez Orozco y muchas otras investigaciones de este tipo. En esos años se apoyó un programa de etnomusicología junto con la Secretaría de Educación Pública de México y la Biblioteca de Congreso de los Estados Unidos. Otra preocupación fue la preservación del arte indígena como expresión social y cultural de los pueblos, frente a las pretensiones etnocéntricas y universalizantes del arte occidental. Se impulsaron por vez primera exposiciones de arte indígena. Esta cuestión no fue meramente estética o cultural sino que apuntó también a la defensa económica de los artistas y artesanos indígenas.
El mejoramiento de las condiciones nutricionales se orientó hacia la diversificación de la dieta y la introducción de otros alimentos tales como el frijol soya. Las preocupaciones por la salud indígena estarían dirigidas hacia la medicina preventiva tratando de eliminar grandes endemias como la oncocercosis en México y Centroamérica. Otra línea de trabajo fue la defensa de la medicina tradicional y la necesidad de su integración con la medicina occidental, mediante el reentrenamiento de curanderos y comadronas. En estos aspectos se apoyaron los trabajos de Pijoan entre los Miskitos de Nicaragua y Honduras. El Instituto editó el Manual de Parteras Rurales del Dr. Eloesser, verdadero "best seller" con ocho ediciones en inglés, español y portugués, aún con vigencia y actualidad. En el campo de la educación el Instituto fija su política en la lucha contra el analfabetismo y por la alfabetización en lengua materna, colaborando en esos años con el Consejo de Lenguas Indígenas de México y asesorando en esta cuestión a otros países. Por las características del problema, el I.I.I. impulsó la creación de Institutos Indigenistas Nacionales y de programas de educación bilingue administrados por los propios países.
Siempre preocupado por el impacto de la educación sobre las culturas indígenas, el Instituto apoyó las investigaciones de Laura Thompson en Estados Unidos y de Oscar Lewis en México sobre la personalidad indígena. Lewis colaboró con el Instituto en sus primeros años comisionado por el Bureau of Indian Affairs, e interesado por estos problemas escribió un trabajo sobre identidad étnica, todavía consultado por los estudiosos de este problema.
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